Internet: los diarios, ¿el futuro?

20 05 2008

En Río Negro

El cable dice así: “La Newspapers Association of America (NAA) difundió un informe que indica que los lectores estadounidenses prefieren informarse gratuitamente por internet en lugar de hacerlo a través de los diarios de papel. Así, cientos de diarios en todo el país sufren la caída de sus ventas y de la demanda publicitaria por sus páginas, dado que los anuncios en la Web son más baratos que los espacios que ofrece la prensa gráfica. De acuerdo con la Bureau of Circulation, las ventas de los diarios estadounidenses disminuyeron en un 3,6% en los seis últimos meses, tras una baja del 2,6% en los seis meses anteriores. “Esta tendencia es estructural -señaló Andrew Davis, presidente de American Press Institute-. Estamos ante un clásico caso de innovación perjudicial, en el que la industria tradicional está siendo afectada por un actor nuevo y más barato del mercado”.

Y luego sigue: Todos los grandes diarios de los Estados Unidos se han visto afectados, salvo el USA Today y The Wall Street Journal, que venden más de dos millones de ejemplares.

Uno presupone porqué motivos la mayoría de los diarios termina afectado de este modo por la red. sin embargo, imagino que hay claves de comercialización y contenido en el hecho de que al menos dos diarios mantengan su circulación. Y tomando en cuenta que ambos tienen buenos sitios en internet, habría que pensar en que algo están haciendo bien, que el correlato entre papel y virtualidad les está funcionando.

 





Facebook, entre la CIA y el mundo virtual

19 05 2008

Publicada en Río Negro

Incomprensibles para unos e indispensables para otros, las redes sociales -representadas por Facebook y MySpace, entre varias- constituyen uno de los fenómenos comunicacionales más interesantes de los últimos tiempos. ¿Representan el fin de la amistad tal como la conocíamos hasta hoy? ¿Quiénes están detrás de estos espacios virtuales? ¿Es verdad que la CIA y empresas como Coca-Cola utilizan los datos de los usuarios en beneficio propio? Éstas son algunas de las preguntas sobre las que reflexiona este artículo. Además, “Río Negro” entrevistó a Conz, flamante símbolo de una nueva generación de famosos: los “webstar”. 
 
El nacimiento de las redes sociales en internet representa el sueño cumplido de muchos. Sin ir más lejos, a Jorge Luis Borges le habría encantado la idea. También a Batman (a fin de mantenerse in touch con los demás superhéroes). Ni que hablar de la CIA o del FBI, que por fin alcanzarían una herramienta legal y súper accesible de monitoreo global. A decir verdad, uno supone que Dios debe tener en sus blancas oficinas el Facebook con más amigos de todo el universo. Érase una vez en internet.

Las redes sociales tienen su génesis, como tantas otras herramientas virtuales en internet, en los campus universitarios americanos. Eso asegura la versión oficial, una a la que cualquiera puede adherir por simple lógica. Lo mismo se ha dicho de internet y de su evolución, la www. Ya es una leyenda urbana aquélla que relata cómo los científicos y los académicos dieron los primeros pasos hacia el e-mail cuando descubrieron una forma rápida y económica de comunicación con sus pares en los enlaces del computador.

Lo cierto es que el principio, tanto de la red como de los organismos que luego crecieron bajo su ala, no siempre es tan claro. A veces las sombras son capaces de enrarecer cualquier biografía. Internet es también un proyecto gubernamental abandonado luego de la Guerra Fría. Los vínculos comunicacionales estratégicos que iban a servir como Plan B en caso de una explosión nuclear terminaron en manos de un grupo de personas que les encontraron un fin pacífico. De este modo comenzó un proceso de reproducción tan intenso que, de los correos iniciales en los que se compartían fórmulas y avances entre eruditos, se llegó a esta suerte de universo paralelo del que no casualmente ya habían hablado maestros de la ciencia ficción como Borges, quien en “El Aleph” anticipa el punto donde se concretan todos los puntos, y William Gibson, el autor de “Neuromancer”, novela en la que caracteriza a los jinetes del ciberespacio.

Borges lo había visto antes

Las generaciones emergentes, las que ya han puesto su nombre y su avatar en MySpace, Facebook, Flick, Twiter y Sonico, entre otros, no suelen hacerse una pregunta que no hace muchos años era de rigor: “¿Qué es esto?”. En definitiva, qué representa cualquiera de los nombres que figuran unas líneas más arriba. Para un adulto, redes sociales tiene una indiscutible connotación política: solidaridad, reparto, asistencia. Pero estamos hablando de algo muy distinto.

Hay varias opciones para entender esta nueva herramienta. Una podría ser apelar a los ya mencionados Borges

y Gibson, puesto que ambos desarrollaron en su literatura una interesante visión de un futuro en el que todas las cosas confluyen. Una poderosa y fastuosa amalgama de palabras, sonidos e imágenes convergiendo incansablemente sobre una ventana que es al mismo tiempo una puerta de entrada de material virtual.

En un libro reciente, “Borges 2.0: from text to virtual worlds”, su autora, Perla Sassón-Henry establece puntos de contacto entre la obra de Borges y la ahora denominada internet 2.0. Apenas un párrafo sirve de prueba acerca de qué tan acertada fue la percepción del autor de “Funes el memorioso” y lo oportuno del libro. Aquí, por ejemplo, Borges parece referirse a Wikipedia: “¿Quiénes inventaron a Tlön? El plural es inevitable, porque la hipótesis de un solo inventor -de un infinito Leibniz obrando en la tiniebla y en la modestia- ha sido descartada unánimemente. Se conjetura

que este brave new world es obra de una sociedad secreta de astrónomos, de biólogos, de ingenieros, de metafísicos, de poetas, de químicos, de algebristas, de moralistas, de pintores, de geómetras… dirigidos por un oscuro hombre de genio. Abundan individuos que dominan esas disciplinas diversas, pero no los capaces de invención y menos los capaces de subordinar la invención a un riguroso plan sistemático. Ese plan es tan vasto que la contribución de cada escritor es infinitesimal”.

Y esta frase hace pensar en las redes sociales: “…vi interminables ojos inmediatos escrutándose en mí como en un espejo, vi todos los espejos del planeta y ninguno me reflejó…”.

Por fuera de Borges, las redes sociales refieren espacios geográficos virtuales de reunión. La esquina del presente, el sitio exacto en el que un enorme listado de sucesos puede acontecer. La agenda de las agendas.

Su utilidad se ha discutido furiosamente desde su concreción. El que se la cuestione a partir de su utilidad tiene fundamentos. Es verdad que el mail y el chat ya venían ofreciendo algunos de los servicios que son parte integral y constitutiva de las redes sociales, pero la llegada de éstas, organismos mayores, es una consecuencia lógica del volumen informativo personal destinado al sector público y de los adelantos tecnológicos de este tiempo. Si podemos mandar un mail y luego chatear, bien podemos hacer todo a la vez y más: mandar una fotografía, dar información acerca de nosotros mismos, sumarnos a un grupo especializado en canarios (cosa que ya existía en Yahoo grupos, por ejemplo), avisar que estamos de vacaciones en Mar del Plata y seguir y seguir y seguir. Los casilleros por rellenar en Facebook o MySpace, en el fondo, son infinitos.

¿El fin de la amistad?

La forma de adhesión a las redes sociales ha venido a mover las bases de varios conceptos tanto morales como comerciales que hasta el momento se pensaban definidos. Uno de ellos es el de la amistad. Hasta hoy la transferencia de información suplementaria entre las personas estaba relacionada con una idea de confianza y de uso del mismo espacio-tiempo. Las redes sociales declaran en sus webs compromisos superficiales que resignifican la circulación de datos. Por ejemplo, si uno tiene una pálida idea de quién es la persona que aparece en su agenda de contactos, esto bastará para que el propio programa del sitio disponga la oportunidad de que nos convirtamos en amigo de aquélla. Es así que nuestra lista de “amigos” se va volviendo extensa y hasta un poco extraña.

El sitio, además, ofrece la chance de relatar brevemente qué hacemos a cada momento y quiénes consideramos que somos. Siempre existe la opción de fantasear.

Convengamos una cosa: para que el proceso funcione es imprescindible un grado mínimo de superficialidad. Uno no se la pasa rechazando personas que quieren ser nuestras “amigas”. Más bien todo lo contrario.

El efecto de transmisión ha dado lugar a conjeturas nada cándidas. El periodista Tom Hodgkinson escribió un largo artículo en “The Guardian” en el cual asegura que detrás de Facebook usufructúan distintos servicios de inteligencia norteamericanos. La nota presenta una interesante trama que, cierta o no, ya Hollywood se encargará de plasmar en la pantalla grande. Hodgkinson, por ejemplo, da cuenta de los intereses liberales en materia de negocios y conservadores en lo relacionado con la moral que profesa uno de sus dueños, Peter Thiel.

Escribe Hodgkinson sin medias tintas: “Desprecio Facebook. Este enorme y exitoso negocio americano se describe a sí mismo como una herramienta social útil que te conecta con la gente que te rodea. Pero un momento. Por Dios, ¿por qué habría de necesitar yo una computadora para conectarme con las demás personas? ¿Por qué mis relaciones personales deberían estar mediadas por la imaginación de una banda de nerds de California? ¿Qué tiene de malo el pub?”. Y más adelante agrega: “Facebook apela a la vanidad y sobreimportancia que cada uno de nosotros lleva dentro”.

Desde este punto de vista Facebook, tanto como Twiter o MySpace, sirve para dos cosas de suma importancia en la sociedad contemporánea: 1) ofrecerles información abundante a las agencias de inteligencia y 2) proveer de información clave a las grandes empresas.

Nuevamente Hodgkinson se pregunta: “Claramente, Facebook es otro experimento capitalista: ¿se puede transformar la amistad en dinero? ¿Se puede crear una comunidad sin fronteras y luego vendérsela a Coca-Cola?

Lo curioso de este asunto es que a la mayoría de quienes integran dichas comunidades, mal que le pese a Hodgkinson, no parece importarle en lo más mínimo el nombre del dueño ni sus intenciones secretas.

Conjeturas aparte, las redes sociales son una proyección de las ambiciones y necesidades de una cultura. Nunca como en Facebook o Myspace, las personas encontraron el espacio justo para escribir su autobiografía. Por cierto que no todo el planeta está conectado a Facebook, aunque uno siempre podrá encontrar a un amigo entre sus archivos.





Redes sociales: lo que hay detrás

15 05 2008

Acabo de finalizar un artículo sobre las redes sociales y su entorno y transfondo. Les dejo un adelanto de lo que saldrá en el diario Río Negro, el fin de semana. 

¿Un nuevo mundo o un proyecto de la CIA?

Incomprensibles para unos, indispensables para otros, las redes sociales, representadas por Facebook y MySpace, entre otras, constituyen uno de los fenómenos comunicacionales más interesantes de los últimos tiempos. ¿Representan el fin de la amistad tal como la conocíamos hasta hoy? ¿Quienes están detrás de estos espacios virtuales? ¿Es verdad que la CIA y empresas como Coca Cola utilizan los datos de los usuarios en beneficio propio? Son algunas de las preguntas sobre las que reflexiona este artículo. Además, “Río Negro”, entrevistó a Conz, flamante símbolo de una nueva generación de famosos, los “webstar”.

El nacimiento de las redes sociales en internet representa el sueño cumplido de muchos. Sin ir más lejos a Jorge Luis Borges le hubiera encantado la idea. También a Batman (a fin de mantenerse in touch con los demas superhéroes). Ni que hablar de la CIA o el FBI, quienes por fin alcanzarían una herramienta legal y super accesible de monitoreo global. A decir verdad, uno supone que Dios debe tener en sus blancas oficinas el Facebook con más amigos de todo el universo. Erase una vez en internet.

Las redes sociales tienen su génesis, como tantas otras herramientas virtuales en internet, en los campus universitarios americanos. Eso asegura la versión oficial, una a la que cualquiera puede adherir por simple lógica. Lo mismo se ha dicho de la internet y de su evolución, la WWW. Ya es una leyenda urbana aquella que relata cómo los científicos y los académicos dieron los primeros pasos hacia el email cuando descubrieron una forma rápida y económica de comunicación con sus pares en los enlaces del computador.